Como comenté en un post anterior
me inclino por exámenes que contemplan evaluar distintas capacidades, y en general no hago preguntas que sean sólo de
recordar. En lo que respecta a los exámenes regulatorios cuando las preguntas a
desarrollar no tienen una única respuesta posible evalúo qué decisiones tomó el
alumno (en mi caso particular sería que excipientes decidió incluir en una
formulación) si son apropiados, si están justificados, y que no falten
excipientes que son imprescindibles en determinados tipo de medicamentos; luego
evalúo cómo plantea la forma de preparación con esa fórmula que él propone. Ambas
cosas tendrán importancia para calificar la pregunta. Respecto a la
concentración de los excipientes, muchas veces se pide un rango para ver si el
alumno tiene una noción, o simplemente no se pide, dado que esa información
puede buscarse en la bibliografía al momento de tener que preparar una fórmula
en la práctica profesional. En preguntas
más teóricas busco evaluar que hayan comprendido los aspectos fisicoquímicos de
las formulaciones, mediante una pregunta abierta sobre el tema o una pregunta
en la que deban reconocer la función de los excipientes, que fueron trabajados
durante la clase, para un tipo de preparado en particular. Siempre considero la
explicación que apoya la respuesta dada. En general, si bien son alumnos de
último año no ponemos mucho peso a la forma de redacción o en el vocabulario
empleado, aunque yo creo que debería considerarse.
Muchas veces leo primero todos
los exámenes para determinadas preguntas, de modo de ver “qué comprendieron”
todos en general y luego de allí tomo una “norma” para calificar. (Esto también
lo hago para ver si tengo que aclarar algún ítem importante, o rever la forma
de enunciar la pregunta). Si bien esto podría establecer una norma que no era
la esperada, en ciertos casos creo que permite calificar mejor el aprendizaje
de una clase.
Otra práctica que se suele hacer en la cátedra, cuando ya está
avanzada la cursada, es ver un poco el recorrido del alumno en la materia, cómo
fueron sus exámenes anteriores, desempeño en el laboratorio y en clase, para
determinar una nota final, especialmente en el caso que el examen esté regular
o flojo para aprobar. Esto muchas veces va en beneficio de los que hicieron
exámenes más pobres que de aquellos que siempre rindieron buenos exámenes.
En algunas comisiones hacemos un
modelo de examen con las respuestas mínimas que deberían dar los alumnos, para
que todos corrijamos con un mismo criterio, pero esto no es algo que hagamos de
forma general en la cátedra.
Realmente la tarea de evaluar es
muy compleja, desde el momento del diseño del examen, y luego calificar objetivamente
las respuestas de todos los alumnos. A mí me sirve ver exámenes tomados por
otro colega y cómo consideró las respuestas a la hora de poner una
calificación. Esto no es algo que hagamos como rutina o como práctica conjunta,
pero a mí parece enriquecedor compartir e intercambiar criterios a la hora de
evaluar.

Saludos Claudia
ResponderEliminarEstoy de acuerdo contigo que el proceso de evaluación es complicado.
Difiero en la utilización de pruebas para valorar el proceso de aprendizaje de los estudiante prefiero, las exposiciones, los trabajos en equipo, pero cada profesor conoce su grupo y necesidades.
Seguimos leyendonos
Saludos Delia